Embadurnado con mi propio licor, se asomó por mi íntimo horizonte y me observó.
Decidió ponerle fin a la batalla con el mismo músculo con que la había iniciado, pretendiendo liderarla con un último sprint final...
Agarré su pelo con una fuerza proporcional a la intensidad de la explosión, cerré mis ojos y finalmente logró lo esperado...
Victoria.

