Apenas noté como se erosionaban los esquemas que me abrigaban pero, allí estaba,
sentada en un banco esperando a la nada. Sabía que si avanzaba el tiempo seguiría hundiéndome poco a poco en esta ansia de infinito, en esta inapagable sed de absoluto en la que la nada es suficiente.
Si por mi fuera, pensé, me pasaría haciendo el amor, y no sólo porque me agrade sino porque es entonces cuando las cosas parecen que llegan al límite, aunque sólo sean tres segundos, huyo, salgo de mí, me hincho de luz y me aclaro, feliz y sin memoria.
Poco después me levanté y me dispuse a ir en dirección a cualquier otra parte ...


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